Sobre la naturaleza de ser independientes

Por: Dr. Kenneth Jernigan.

Ponencia presentada por el Doctor Kenneth Jernigan en la convención anual de la National Federation of The Blind, Dallas, Texas, martes 6 de julio de 1993

Traducido por: Alpidio Rolón García

Poco después de terminada la convención del año pasado, recibí un número de cartas de estudiantes del Louisiana Center for the Blind. Era evidente que las cartas fueron escritas a raíz de discusiones entre los estudiantes del Centro sobre el tema de movilidad independiente, el asunto de la movilidad independiente en general y cómo la gente ciega debe vivir y comportarse. Deseo compartirlas con ustedes, y decirles cómo las contesté. Finalmente, ofrecerles mi definición acerca de lo que considero verdadera independencia.

Todas las cartas están fechadas el 23 de julio de 1992. He aquí una compilación de éstas:

Apreciado señor Jernigan:

Curso el segundo año de escuela superior. Actualmente participo en un programa auspiciado por el Louisiana Center for the Blind. Es el programa STEP. Eso significa Summer Training and Employment Program (Programa de Adiestramiento y Trabajo de Verano). Bajo el mismo podemos trabajar y ganar dinero, así como asistir a clases. Hace algunas semanas asistí a la convención nacional. Disfruté verdaderamente sus discursos y todo lo demás. La gente notó que usted y el señor Maurer a veces caminaban guía vidente. Interrumpo para hacer notar el uso del término “guía vidente”. No dice “caminando con guía vidente”, ni “caminando con persona vidente”, ni tampoco, “llevados de la mano por una persona vidente”, sino “caminando guía vidente”. Claramente el tema de “guía vidente” ha sido objeto de amplia discusión. Pero volvamos a la carta.

Pensábamos que ninguno de ustedes se valía de guía vidente, ya que están tan involucrados en la NFB. Hasta entonces, no creía que caminar guía vidente fuera aceptable. ¿Porqué, entonces, usaron ustedes guía vidente? Sabemos que debe haber una razón. En una de nuestras reuniones concluimos que dado el caso que ustedes tienen que asistir a muchas reuniones, el uso de guía vidente sería lo más eficaz. Estoy seguro de que no lo usa tanto como para perder sus destrezas de movilidad con el bastón. No digo que esté mal, es que me cuestionaba el por qué lo hacía. Alguien planteó que si alguno de nosotros, durante el adiestramiento, usara guía vidente, sin duda sería regañado. Comprendo que no es inapropiado lo que hace puesto que no es usted el que está bajo adiestramiento. No podríamos usar guía vidente, ya que nos acostumbraríamos más a ello que al uso del bastón.

Atentamente,

Apreciado señor Jernigan:

Algunos de nosotros notamos que, durante la pasada convención en North Carolina, usted en ocasiones caminaba sin bastón. No comprendo. Pienso que durante las convenciones, usted tiene que llegar a tiempo a muchos lugares. Quizás esa sea la razón por la cual usa guía vidente. No lo entendemos. Todos tenemos nuestra teoría acerca del por qué usó guía vidente, pero queremos la respuesta “directamente de la boca del caballo”.

Atentamente,

Esa carta es muy directa, y me complace que me compare con la parte anterior del caballo, y no la posterior. A continuación la última carta.

Apreciado señor Jernigan:

Estuve en Charlotte este año para asistir a mi tercera convención de NFB. Estudio actualmente en el Louisiana Center for the Blind, en el programa STEP para adolescentes ciegos. Este programa enfatiza el uso del bastón, la alfabetización Braille, la preparación para empleo y el mejoramiento de la auto-estima mediante logros alcanzados. Durante la convención, un amigo me dijo que nunca le vio usando su bastón. En conversación con amigos concluimos que probablemente no lo usó porque tiene que llegar a tiempo a muchos sitios. Nos pareció razonable y aparentemente la interrogante quedó resuelta. Entonces, alguien recordó que en 1990, de paso a la convención de Dallas, cuando visitó el Centro de Rustin usó guía vidente. La situación se confundió más ya que sólo se le vio usar guía vidente como medio de movilidad. No pretendo faltarle el respeto a usted, a la Federación ni a sus muchos logros. Si no fuera porque la Federación insiste tanto en la independencia para ciegos esta carta no tendría razón de ser. Mis propias convicciones me llevan a preguntar por qué la figura titular de NFB. No utiliza las técnicas de movilidad que su estudiante Joanne Wilson ha estado impartiendo aquí en Rustin durante los últimos diez años. Desearía concluir esta carta en un tono más positivo. Estoy consciente de que es usted el responsable del adiestramiento que actualmente recibo y le estoy agradecido. No insinúo que no posea usted las destrezas de movilidad con el uso del bastón, porque a decir verdad, no lo sé.

Sinceramente,

Como vemos, estas cartas son francas y bien ponderadas. Plantean cuestiones fundamentales; por tanto merecen una contestación bien pensada. He aquí, de forma amplia, lo que contesté.

Baltimore, Maryland

29 de julio de 1992

En carta fechada 23 de julio de 1992, ustedes me preguntaron por qué, durante la convención de Charlotte y durante una visita al Louisiana Center en 1990, me valí de un guía vidente y no de mi bastón, para caminar independientemente. Agradezco sus observaciones, y a continuación les diré por qué lo hago.

En primer lugar, supongamos que no poseo destrezas de movilidad con el bastón. Podríamos comparar esta situación a la del padre que no posee educación formal pero sueña con que su hijo la obtenga. Este exaltaría el valor de la educación formal y por tanto trabajaría para que su hijo terminara la escuela superior y luego asistiera a la universidad. Pese la carencia de una educación formal, el padre sentiría orgullo de que gracias a su esfuerzo, al hijo le fuera posible educarse. En tales circunstancias, ¿cuál podría ser la actitud del hijo hacia el padre? El hijo podría sentirse avergonzado por la falta de educación y mal uso de la gramática de su padre, o por el contrario expresar agradecimiento por el sacrificio y esfuerzo de su padre que le permitió adquirir una buena educación. La analogía no es totalmente válida, ya que poseo muy buenas destrezas de movilidad, pero hay algo de cierto en lo dicho.

Durante mi niñez, no había centros de orientación ni adiestramiento en movilidad. Los únicos bastones en existencia eran de madera, cortos y muy pesados. Nosotros, los jóvenes asociábamos esto con mendigar, arrastrar los pies y sentirnos indefensos. No fue hasta que terminé mis estudios universitarios y había ejercido como maestro durante cuatro años en Tennessee, que comencé a usar un bastón. Era de madera con el mango doblado. Debo aclarar que era más largo que los que estaban en uso en ese tiempo, ya que medía cuarenta pulgadas. Comencé a usarlo en 1953, poco antes de salir para California a trabajar en el recientemente establecido centro para ciegos. Al momento de mi arribo, el centro llevaba sólo unos cuantos meses funcionando y tenía cuatro o cinco estudiantes matriculados. Para ese tiempo, en el California Center se estaban usando bastones de aluminio de cuarenta y dos pulgadas. Esto, comparado con los bastones de madera de cuarenta pulgadas que hasta entonces había usado, representaba un gran adelanto. Trabajé con la persona encargada de enseñar movilidad y probamos nuevos bastones y técnicas. A mediados de la década del 50 se desarrolló el bastón de fiberglass. Un hombre ciego en Kansas lo inventó y nosotros, en el California Center, lo popularizamos. También nos esforzamos para mejorar la punta del mismo. Nuestros estudiantes recibían adiestramiento intensivo; los que tenían alguna visión usaban vendas (o, como nosotros le llamábamos, máscaras de dormir). En cualquier grupo de gente ciega, nuestros estudiantes y graduados se distinguían por la facilidad y competencia con que se manejaban. Dado el hecho de que se habían beneficiado del producto de nuestro estudio y experimentación, así como el tiempo suficiente para instrucción y práctica, muchos de ellos probablemente superaban mis destrezas en movilidad, por lo cual sentía orgullo y satisfacción. Nos encaminábamos hacia la libertad y la independencia. En 1958 fui a Iowa como director de la comisión estatal para ciegos. Llevaba conmigo un bastón de fiberglass de cuarenta y ocho pulgadas, todo lo que había aprendido en el California Center y esperanzas e ideas para el futuro. Contraté un joven vidente sin experiencia alguna con personas ciegas y por algunos días me dediqué a instruirlo en lecciones preliminares de movilidad. Primeramente, mientras caminaba por Des Moines, le pedí que me observara cruzar calles y visitar los distintos lugares. Luego se puso vendas y le instruí en las destrezas básicas de movilidad. Después lo envié al California Center por tres o cuatro semanas y finalmente regresó a Des Moines y trabajé con él durante varias semanas y (aunque vidente) podía desplazarse (con vendas puestas) a cualquier lugar usando el bastón con seguridad y confianza. Durante ese tiempo trabajamos para mejorar su actitud, ya que a menos que uno crea que es capaz de ser independiente como persona ciega, la independencia al viajar (como en otros aspectos) no es verdaderamente alcanzable. El nombre de este instructor de movilidad es Jim Witte, quien ha llegado a ser uno de los mejores instructores de movilidad que conozco. Los estudiantes de Iowa fueron la envidia de la nación. Podían identificarse en cualquier grupo por su porte, confianza y destreza de movilidad. Al igual que en California, algunos de ellos se manejaban mejor que yo, por lo cual me sentía orgulloso. Joanne Wilson directora del Louisiana Center fue una de estos estudiantes y seguramente ella les ha dicho cómo se trabajaba en el Iowa Center; cómo se trataba a los estudiantes, qué se esperaba de ellos, la relación entre el personal y el estudiantado, nuestros sueños para el futuro y cómo nos preparábamos para lograr esos sueños. Arlene Hill (una de sus maestras) también estudió en Iowa. Tanto Joanne como Arlene son un vivo ejemplo de lo que enseñamos y de su resultado. Así también lo son el presidente Maurer, la señora Peggy Pinder, Ramona Walhof, Jim Gashel, Jim Omvig y al menos otros cincuenta de los aquí presentes. Fue en Iowa que desarrollamos el bastón hueco de fiberglass. Aventajaba al de fiberglass sólido, por ser liviano y más flexible. También comenzamos a usar bastones cada vez más largos. Nos permitían caminar más rápido, sin sacrificar por ello gracia o seguridad. Como les he dicho, comencé con un bastón de madera de cuarenta pulgadas. Pasé luego a uno de aluminio de cuarenta y dos pulgadas después a uno de fiberglass sólido, luego a uno de fiberglass hueco y (tres o cuatro años después) a uno de fibra de carbón hueco. En cuanto a la longitud, pasé de uno de cuarenta pulgadas a uno de cuarenta y dos, después a 45″, 48″, 49″, 51″, 53″, 55″, y 57 pulgadas. Actualmente, uso uno de 59 pulgadas. Me parece el indicado dada mi estatura y velocidad al caminar. ¿Usaré alguna vez uno más largo? No sé, por lo pronto creo que no. Claramente, llega el momento en que un bastón muy largo es más una desventaja que una ayuda. Les he dicho todo esto para que comprendan cómo he llegado a formular mi concepto sobre la independencia y la movilidad. Los doctores que hace cien años establecieron las escuelas de medicina no eran (con excepción de alguno que otro) tan competentes como aquellos a quienes adiestraron, ya que no tuvieron el beneficio de una educación concentrada como la que ellos impartieron a sus discípulos. Claramente, no podían superarse a sí mismos. A través de sus estudiantes lograron realizar sus sueños y desarrollaron en éstos el potencial que ellos mismos alcanzaron. Igual me sucede con ustedes. Son la tercera generación adiestrada en movilidad. Por lo tanto, se han beneficiado de lo que yo, al igual que Joanne y otros graduados de Iowa, hemos aprendido. A menos que ustedes mejoren lo que hemos logrado, estarían en realidad rompiendo con la tradición de aquellos que les precedieron y los que vendrán. Por tal razón, confío en que ustedes me superarán en cuanto a movilidad se refiere, y quién sabe si logren ser mejores maestros y filósofos. De ser así me sentiría muy feliz. Dicho esto, volvamos al tema de mis destrezas de movilidad. Durante la década del 50, viajaba solo constantemente a través de toda la nación, visité casi todo tipo de ambiente, áreas urbanas, autobuses de la ciudad, taxis, cruces de calle complicados, ambiente rural, automóvil privado de alquiler, caminos rurales y lo que pueda usted imaginar. Por ejemplo, entre finales de diciembre de 1956 y principios de enero de 1957, viajé solo a través de catorce estados durante once días, redactando un proyecto de ley que reconociera el derecho de NFB a organizarse. Para mí el constante viajar era algo incidental, el trabajo que llevaba a cabo era lo más importante. He preparado instructores de movilidad y desarrollado nuevas técnicas en el uso del bastón. Viajo cuando y a donde quiero de la manera más conveniente; en ocasiones eso significa viajar solo, usando el bastón. Algunos estudiantes de Iowa me hicieron las mismas preguntas que ustedes me han echo por que me vieron con un miembro del personal camino a la barbería. Esa tarde, mientras discutíamos los asuntos del día (llámelo filosofía o algo así) traté el tema. Les dije más o menos lo que les he dicho a ustedes y concluí diciendo: “Aunque no tuviera las suficientes destrezas de movilidad, la crítica que me hacen es inmerecida. Pero no lo dejemos ahí. Síganme. Vamos a dar un paseo por el centro de la ciudad a ver si pueden mantener el paso.” Tomé la delantera y recorrimos a paso ligero unas ocho o diez cuadras. A nuestro regreso al centro no fue necesario abundar sobre mis destrezas de movilidad. Eran evidentes. Hablamos entonces el porqué había ido a la barbería con un miembro del personal. En ese momento tenía asuntos que discutir y no podía darme el lujo de perder tiempo mientras caminaba hacia la barbería. De hecho, para ese tiempo mi secretaria me acompañaba y mientras me recortaban le dictaba cartas. Obviamente, si lo que deseaba era dar ejemplo de mi independencia, podía haber hecho el viaje solo. Sin embargo, tal inseguridad tendría el efecto contrario y habría sido contraproducente. Para ese tiempo, no era solamente el director del Commission for the Blind de Iowa, sino también el primer vicepresidente y luego presidente de NFB. Ambos trabajos eran a tiempo completo y requerían que aprovechara al máximo cada minuto. Me levantaba antes de las 6:00 AM para ir al gimnasio con los estudiantes varones. Escribía más de cien cartas a la semana, me reunía con legisladores y otros líderes cívicos a fin de allegar apoyo para nuestro programa, viajaba a través del estado dando discursos y pasaba mucho tiempo trabajando individualmente con los estudiantes. Por otro lado, manejaba los asuntos administrativos de la Comisión y de NFB. Igualmente, trabajaba en la organización de filiales en otros estados y resolvía problemas que otros federacionistas, a través de toda la nación, me planteaban. Esto implicaría una pérdida de tiempo (y tanto los federacionistas como los estudiantes en Iowa estarían de acuerdo) ya que nada ganaría con caminar solo para hacer una demostración de mis destrezas de movilidad. Viajaba solo cuando era necesario. Ofrecía demostraciones a estudiantes, legisladores y otras personas cuando era imprescindible. Jamás lo hice con el propósito de impresionar a nadie. Y, ¿qué hubo de la convención en Charlotte? Estaba a cargo de organizar y administrar los asuntos de ésta. Había mil y una cosa que resolver. Con un centro de convenciones, cuatro hoteles, cada uno requería una atención particular. A veces tenía, no una sino tres o cuatro personas a mi lado a quienes designaba para hacer una u otra cosa. Aún así, ¿qué propósito tendría el haberme rehusado a caminar del brazo de un acompañante? Es difícil llevar a cabo una conversación mientras se camina por una calle congestionada, por tanto es más fácil tomar del brazo a otra persona. Esto es válido aún cuando se posean las mejores destrezas de movilidad o se camine con otra persona ciega. En realidad, en ocasiones, despreciar la mano que ofrece ayuda expresa una idea contraria a lo que representa ser independiente. Por ejemplo, si un ciego va a un restaurante muy concurrido, acompañado de una persona vidente, ¿qué tiene más sentido, seguirla mientras llama “¡Por aquí!, ¡Por aquí!” o simplemente tomarla del brazo? ¿Cuál de las dos situaciones proyecta una mejor imagen de independencia? ¿Qué ventaja tiene seguir una voz sobre tomar un brazo? Por lo ya expresado, es evidente cuál método favorezco. Por supuesto, uno debe estar preparado para enfrentar cualquier situación por compleja que ésta sea si no hay ayuda disponible. Irrespectivo de la situación, no se debe perder los estribos. Pero volvamos a la convención.

Cuando se camina entre mucha gente, tratando de ir de una reunión a otra, o se trata de localizar a alguna persona, especialmente si se tiene prisa, valerse de un guía vidente es más fácil y eficaz. De hecho, aunque fuera vidente, haciendo lo que hago en las convenciones, me gustaría tener dos o tres personas a quienes pudiera asignar distintas tareas y consultar. Por ejemplo, tomen en cuenta lo acontecido al Secretario de Educación, Lamar Alexander, en la convención del año pasado. El posee visión normal, es capaz y energético y hasta donde sé, goza de buena salud. Seguramente puede conducir un automóvil y caminar con rapidez. Sin embargo, el día antes de su llegada a Charlotte, envió a un asistente a que reconociera el área de la convención. Al día siguiente éste recogió al Secretario en el aeropuerto y lo condujo directamente a la sala de convenciones, lo llevó hasta la tarima, esperó a que terminara su discurso y lo llevó de regreso al aeropuerto. Me pregunto, si el Secretario hubiese sido ciego, acaso dirían, “¡Fíjense! No es una persona independiente. Necesita que lo lleven a todos lados, y hasta que le guíen el automóvil.” Ya que no soy estudiante de movilidad, ni trato de impresionar a nadie sobre la calidad de mis destrezas, no me siento obligado a demostrar cuánto sé, si puedo ahorrarme tiempo valiéndome de un guía vidente. Por supuesto, si yo fuera estudiante mi conducta sería la misma. Por ejemplo, un estudiante debe siempre usar un bastón rígido. Yo por lo general, uso uno flexible. ¿Por qué? A menudo, a los estudiantes les incomoda llevar el bastón. Permitirles usar uno que se doble o uno telescópico tendería a reforzar la idea —aunque inconscientemente— de que su ceguera es menos notable. He llevado por tanto tiempo un bastón, que sin él me sentiría desnudo. Lo llevo irrespectivo de que esté solo o acompañado. Dada su flojedad, nunca usaba un bastón flexible. No fue hasta que desarrollamos el modelo telescópico hecho de fibras de carbón que usé uno retráctil. Lo hago de tal manera que nunca se retrae cuando lo uso y no lo retraigo excepto en un sitio concurrido. Una vez más, no tengo ninguna necesidad de probar mi autosuficiencia y no me avergüenza llevar un bastón. Mi ego no es tan quebradizo que me vea siempre obligado a usar un bastón rígido. Cuando enseñaba orientación y movilidad en California y en Iowa, les decía a mis discípulos que los estudiantes de un centro para ciegos pasan por tres etapas: miedo e inseguridad, independencia rebeliosa e independencia normal – MI, IR e IN. Durante el período de miedo e inseguridad uno tiende a ser ultra cauteloso y le teme a todo aunque en ocasiones proyecte otra imagen. Durante el período de independencia rebeliosa uno tiende a ser muy quisquilloso, resintiendo cualquier ayuda que brinde, sea ésta oportuna o no. En este período uno tiende a ser un fastidio para sí mismo tanto como para los que le rodean. No obstante, éste es un paso necesario en el largo camino hacia la independencia. Desafortunadamente, algunos nunca superan esta etapa. Es deseable que uno pueda llegar a la etapa de independencia normal sin tener que estar constantemente probando su capacidad e independencia de ciudadano de primera clase a sí mismo o a otros. Esto es, actuar con madurez con respecto a actitudes condescendientes significa ser flexible al aceptar o rechazar ofertas de ayuda, amabilidad o generosidad. En ocasiones, tales situaciones deben ser aceptadas con amabilidad o en silencio, a veces toleradas y a veces rechazadas de plano. Nunca debe hacerlo porque dude de sí mismo, se sienta inseguro o acaso se pregunte si por ser ciego es inferior. Independencia normal también significa que no racionalice su miedo o ineptitud alegando que hace lo que es más conveniente o fácil. Tampoco debe sentirse en la obligación de probar su independencia cuando en realidad se siente tan indefenso como un niño. Por otro lado, esto significa no llegar al extremo de ser un fastidio al asumir una actitud tan independiente que nadie le soporte a su lado. Esto significa llegar al punto de sentirse cómodo consigo mismo, seguro de sus sentimientos sin que tenga que preocuparse por el asunto. Esto significa limitar la ceguera al nivel de una mera inconveniencia, y hacer de ésta una característica más de su personalidad, como lo son; cuán fuerte es, qué edad tiene, cuán inteligente es, que su personalidad sea agradable y cuánto dinero tenga. Estos son los objetivos, aunque probablemente ninguno de nosotros los alcance simultáneamente. Sin embargo, hemos progresado muchísimo y estamos más adelantados que nunca antes. Me complace que me hayan escrito, y me complace sobre manera que reciban adiestramiento en el Louisiana Center. Este es uno de los mejores y está basado en la filosofía de la Federación. Ustedes tienen la oportunidad de conocer, durante su juventud, qué es y que no es ser ciego. Tienen la oportunidad de beneficiarse de nuestra experiencia colectiva; lo que probamos, lo que dio o no dio resultado. Con el empeño, dedicación y la estructura organizativa que hemos desarrollado, pueden lograr oportunidades que nosotros jamás soñamos tener, y espero que así lo hagan. El futuro está en las manos de vuestra generación y confío en que aspirarán, trabajarán y construirán bien y sabiamente.

Sinceramente, Kenneth Jernigan

Esto fue lo que escribí, y a partir de entonces han ocurrido otras cosas. Al escuchar estas cartas, una persona dijo: “Entiendo su punto de vista, ¿pero no le parece que debe usted dar el ejemplo?” A lo cual respondí, “Pensé que eso era lo que estaba haciendo.” Entonces llegó una carta de una persona que había asistido a un seminario la navidad pasada en el National Center for the Blind. Decía en parte: “El contenido de las cartas de los estudiantes del Louisiana Center for the Blind me han impresionado y ayudado doblemente. Ya no me avergüenzo de no poder leer Braille, ni de mis pobres destrezas de movilidad. Reconozco que podría ser más eficiente si pudiera leer Braille, pero no me creo inmerecedor por la carencia. Por cierto, pronto pienso remediar estas deficiencias. Las cartas también me han ayudado a comprender a mi padre, que quedó ciego en un accidente en el trabajo cuando tenía 26 años. Estudió derecho luego de quedar ciego y siempre he admirado su rápida adaptación a la ceguera. Por otro lado, me he avergonzado de que casi siempre viaja con su guía vidente. (Por ejemplo, ¡estaba atemorizada y no podía creer que mi padre viajara a Alaska sin su perro guía y sin su bastón!) Tiene un perro guía pero sólo lo usa para ir al trabajo. Nunca lo he visto usar un bastón, aunque tengo entendido que usa uno en su oficina. Sin embargo, lo discutido en el seminario me ha permitido comprender que cada cual pasa por distintas experiencias y que las oportunidades disponibles varían. Mi padre ha logrado mucho. Fue juez administrador hasta su retiro el año pasado. Es un pescador entusiasta y es tan pro Braille como el que más.” Eso fue lo que la seminarista escribió, y tiene razón. Sencillamente, no debemos ser tan rígidos y dogmáticos acerca de cómo lograr la independencia al punto de que le hagamos la vida imposible a los demás y a nosotros mismos. Ese camino sólo conduce al discrimen, tanto como a la pérdida de una independencia real o la carencia de una vida normal. Por lo general, antes de dormir leo un libro grabado en casettes. Hace unos meses alguien me llamó la atención al respecto. La persona dijo algo como: “Usted no debería leer libros grabados, debe leer Braille. Después de todo, la Federación promueve la alfabetización Braille, y si usa libros grabados usted reduce la circulación de libros en Braille de las bibliotecas y además, da un mal ejemplo. ¿Qué postura está usted asumiendo? ¿Qué clase de imagen está creando? Usted está obligado a dar el ejemplo.” No discutí con la persona. De nada hubiese servido. Sí, uso Braille, como saben lo considero útil. Tendría una vida más pobre sin él. Pero el Braille es un medio, es un vehículo, no un dogma. Estoy consciente que debo dar el ejemplo, y hago lo que puedo para cumplir con los requisitos. Pero el tipo de ejemplo que quiero dar (para cualquiera que quiera verme de ese modo) es el de un hombre competente, bien balanceado, no el de una caricatura. El hecho de que no quiera morir de sed, no significa que me quiera ahogar. ¿Qué es independencia? La definiría así. Con respecto a leer, significa adquirir la información deseada con un mínimo de esfuerzo e inconveniencias. Para mí, eso significa usar Braille, pero también significa usar lectores, grabaciones y (aun con limitada experiencia en esta área) una cierta cantidad de trabajo en computadoras. Para cualquier otra persona la combinación puede ser diferente, pero quien no domine el Braille se limita. En cuanto a viajar se refiere, independencia es la habilidad de ir a donde se quiera llegar, cuando así se desee, sin inconvenientes para usted o los otros. Probablemente ninguno de nosotros —ciego o vidente— siempre logra ese objetivo. Casi todos nosotros lo logramos alguna vez. La vida es un constante fluir. Sería problemático si tuviera que viajar solo con mucho inconveniente o esfuerzo. Tomemos en cuenta el viaje que hice a la ciudad de Kansas en mayo de este año para reunirme con Federacionistas locales en un seminario de JOB. Mi esposa estaba ocupada, y hubiese sido inconveniente ir con otra persona. Me fui solo. ¿Tuve alguna ayuda durante el viaje? Sí, a veces, cuando era conveniente para mí y no conveniente para otros. Por ejemplo, el mes pasado me llamaron para servir de jurado. Hubiese sido muy inconveniente que un guía me llevara a la tribuna o al salón de deliberaciones, así que por supuesto me fui solo. ¿Significa esto que nadie me indicara dónde estaba la tribuna o me ofreciera otra ayuda? No. Significa que fui a donde necesitaba llegar sin incomodar a otras personas. Eso es lo que yo llamo independencia. Al igual que una persona vidente, hay momentos en que usted desea privacidad; quiere ir a algún lugar (visitar la novia o el novio) sin que sus conocidos lo acompañen, desea comprar un regalo para un amigo o una persona amada, o simplemente lo hace por capricho. En tales casos, un perro guía o un bastón es suficiente. Por otro lado, hay momentos en que la ayuda de una persona vidente es extremadamente beneficiosa. De por sí, el uso de un guía vidente o la falta de éste, tiene muy poco que ver con ser independiente. De hecho, el concepto de independencia (no sólo con respecto a la movilidad, sino en todos los aspectos) radica en hacer lo que desee, cuando quiera, y hacerlo sin que le cueste tanto (ya sea económicamente o de otro modo), no sea que el resultado sea oneroso.

Para concluir, digo a cada miembro de esta organización: Camine con la frente en alto, feliz por lo ya logrado y orgulloso de su independencia pero no por un perro, o un bastón, o el brazo de un ser humano, ni tampoco por su habilidad de leer Braille o usar una computadora. Estos son los adornos de la independencia, no su sustancia; se debe aprender a usarlos para cuando sea necesario, puesto que deben ser un medio, no un fin. Nuestra independencia viene de adentro. Un esclavo puede tener excelente visión, buenas destrezas de movilidad y saber leer perfectamente bien; aún así sigue siendo esclavo.

Estamos logrando libertad e independencia de la única manera que vale la pena; elevando el nivel de amor propio, desarrollando nuestra autosuficiencia, la habilidad para tomar decisiones y fuerza de voluntad. Sobre todo, independencia significa poder tomar decisiones y sostenerlas. Estamos logrando ese poder, y pretendemos adquirir más. Es por esta razón que nos hemos organizado. Es por eso que tenemos a la National Federation of the Blind. Sabemos a donde vamos y cómo llegar. Aquél que tenga duda que nos ponga a prueba.

Compañeras y Compañeros, ¡el futuro es nuestro! ¡Recibámoslo con alegría, recibámoslo con esperanza y (aún más importante) recibámoslo juntos!