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La National Federation
of the Blind sabe que la
ceguera no es la característica
que define tu futuro o a ti.

Todos los días elevamos las expectativas de los ciegos, porque las bajas expectativas crean obstáculos entre los ciegos y su futuro.

Vive la vida que quieres; la ceguera no te lo impide

SOBRE LA CRIANZA Y EDUCACIÓN DE NIÑOS CIEGOS

¡Deja que tus niños jueguen con las ollas y sartenes!, por Jacki Harth.

Enseñarle a mi hijo de dos años —que resulta ser ciego— cómo conocer el mundo, me abrumaba y causaba sentimientos de culpa, ya que pensaba que no podía brindarle todo lo que le ofrecía su maestra en la escuela. Y entonces Tyler me demostró cómo podía practicar sus destrezas usando las cosas de la casa. Había leído que a los niños —y así pasó con mis otros hijos—les encanta jugar con las ollas. Nunca imaginé toda la educación que un pequeño armario podía ofrecer.

Orientación y movilidad/localización del armario: Teniendo en cuenta que Tyler disfrutaba tanto crear música con las ollas, encontrar el armario, pasar cerca de la estufa, etc., servía para reforzar su sentido de orientación. Orgulloso de sí, pasó semanas localizando puntos de referencia por ese lado de la cocina. Y poco después, gateaba hasta localizar por el sonido, dónde habían caído las hoyas que tiraba. ¡Todo lo cual tenía sentido! Abría la puerta, y allí estaban las hoyas.

Destrezas de motor fino: La capacidad para abrir la puerta fue una tarea que tomó tiempo y concentración. Hablamos sobre el frente y la parte de atrás de la puerta, y el interior del armario. Una excelente oportunidad para conversar sobre dichos conceptos. Sus destrezas de motor fino se ponían a prueba cada vez que trataba de levantar un molde para bizcochos que estaba boca abajo. ¡Traten alguna vez de hacerlo!

Destrezas de motor grueso: caminar hasta el armario y cruzar cocina sin ayuda, situación que infunde temor en mamá. A veces camina mientras sujeta uno o dos moldes, y luego se sienta dentro o sobre alguno de los más grandes.

Discernimiento: no faltan las hoyas grandes y pequeñas, pesadas y livianas, que producen ruidos fuertes y suaves.

Destrezas de autoayuda: sorpréndalo y añada tazas y cucharas. Todo lo cual le ayudará a comprender conceptos tales como grande y pequeño.

Lenguaje y comunicación: la continua práctica de indicarle a su hijo qué debe hacer le permitirá describir sus actos. “Abre la puerta.” “¡Esa hoya pesa mucho!” “Busca la hoya.” “Siéntate”, y “levántate.”

Vaya a un pulguero o tienda que venda utensilios usados, si no desea que su niño maltrate sus mejores hoyas. Y si piensa que el ruido la volverá loca, no se preocupe, ya se acostumbrará. La satisfacción y educación que su hijo obtiene, bien vale la pena. Piense toda la educación que recibe mientras usted lava platos.

El instructor de orientación y movilidad nos sugirió lo siguiente;

Ponga el portón de seguridad en el segundo o tercer escalón cuando su niño está aprendiendo a localizar dónde están las escaleras. Esto le permitirá investigar por su cuenta sin temor a caerse.

Mantenga actividades del agrado de su hijo en cada habitación a fin de motivar que camine de una a otra habitación. Por ejemplo, deje prendido un órgano o teclado electrónico en una habitación para que pueda localizarla mediante el sonido. Ponga sobre la mesa —en un lugar que lo obligue a caminar— una vieja cafetera con cucharas de madera y moldes para hacer galletas. Cepillos y peinillas en una gaveta del cuarto de baño, y un juguete que de vueltas y emita sonidos, le divertirán y servirán para orientarlo. Tyler ahora llega fácilmente a estas habitaciones. Todo lo cual se logró después de varios meses y mucha práctica. A medida que crezca, se aburrirá y nos pedirá que le enseñemos cosas nuevas.

Ir a nuevos y ruidosos sitios es para todos un tanto difícil. Sugiero que les hablen y hablen. Hable sobre los sonidos y déjele que escuche. Aunque deseo que aprenda a conocer los sonidos, y que la genta lo vea como cualquier niño, lo sostengo en brazos, para que se empape de los sonidos. Después lo pongo en el piso para que descubra por su cuenta, y todos vean que es un niño común y corriente.

Cuando lo introduzca a nuevas experiencias, tales como nadar en una pequeña piscina o alberca, hágalo progresivamente. En el caso de Tyler, lo sentamos en una silla para que tocara el agua con sus pies, y después lo introducíamos en el agua poco a poco, hasta que comenzó a nadar. En menos de una semana se divertía nadando junto a los demás.

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